6 meses.

Estándar

:: Queridos lectores:

Siento haber estado ausente tanto tiempo, pero no he tenido fuerzas para escribir nada; mi padre falleció repentinamente hace seis meses y todo mi universo se ha puesto patas arriba.

No hay palabras para expresar mi dolor y lo muchísimo que le quiero (me niego a conjugar los verbos en pasado cuando hablo de mi padre). Está en mi pensamiento y mi corazón todos los segundos de mi vida. Me vienen constantemente a la cabeza anécdotas divertidas, entrañables y, por desgracia, irrepetibles que vivimos juntos y, en cierto modo, no me siento sola o no se me hace tan pronunciada la pendiente. Ha sido el peor año de mi vida y el consuelo que tengo es que los años venideros tienen que ser mejores forzosamente.

Lo peor es que no estoy sola en mi andadura, puesto que tengo grandes amigos que ahora mismo lo están pasando fatal porque sus padres no gozan de toda la salud necesaria. Y, para acabar de rizar el rizo, las personas que más nos han apoyado son precisamente las que ya se despidieron de sus progenitores hace tiempo.

No dejo de pensar lo dura que es la situación y si yo he estado o estaré a la altura de las circunstancias, pues me siento torpe y, por miedo a resultar pesada o molestar, no expreso a dichas personas mi agradecimiento y mi pensamiento constante en ellos. Quiero corresponder a esos amigos tan maravillosos que tengo y que no me merezco.

Solo puedo dar un consejo en estos casos: carpe diem. Disfrutad de la vida de una manera intensa y sana. Mi padre se fue de este mundo con 56 años, trabajando y dándolo todo por su familia. Pasó ganas de hacer muchas cosas por cumplir unas jornadas maratonianas en una empresa que, al fin y al cabo, trata a las personas como mercancía o cifras. Y yo, en los últimos tiempos, andaba tan enfrascada con mis asuntos y con una seguridad absoluta en la eternidad de las vidas ajenas que pospuse muchos planes con él. “Total, lo dejamos para más adelante, que no pasa nada”… hasta que pasa.

Hay que dedicar más tiempo a la familia y amigos. No podemos consentir que el ritmo frenético del día a día evite el contacto emocional con las personas que más queremos. No debemos consolarnos con la telefonía móvil y las redes sociales. Más paseos y cafés y menos cibermilongas. Y digo esto siendo consciente que la primera que tiene que cambiar el chip soy yo. Dadme tiempo y lo conseguiré, ya que de esta experiencia horrible he aprendido muchas cosas que debo poner en práctica. Otro estilo de vida es posible.

Espero no haber sido muy brusca, aguafiestas o bipolar, pero si pudierais estar un momento en mi cabeza o en mi corazón os daríais cuenta del torbellino de sentimientos que tengo ahora mismo. Pero hay una cosa que tengo clara y es una verdad absoluta: siempre estaré tremendamente orgullosa de mi padre. ::

Imagen

Anuncios

Deja tu maldición aquí, gracias.

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s