Oporto.

Estándar

:: Hoy, que añoro a Fred un montón, me he decantado a contaros, finalmente, algunos detalles de nuestro viaje a Portugal. Seis días llenos de encanto que me hicieron sumamente feliz.

La primera parada fue en Oporto y, sin lugar a dudas, fue la que más me gustó. Fue muy curioso, porque, a pesar de que la cuidad está muy hecha polvo, tiene algo mágico, unas reminiscencias de tiempos mejores, de magia añeja. Es una lástima que por falta de conciencia, prioridad o medios económicos las fachadas no estén mejor conservadas o las calles más limpias; harían que Oporto le hiciera sombra a la mismísima capital.

Es una cuidad que está pensada para los turistas: tiendas de recuerdos cada dos pasos, infinidad de bodegas y… ¡¡¡su gastronomía salvaje!!! ¿Vosotros sabéis qué es un francesinha? Algo delicioso, por supuesto, pero una bomba de relojería si lo pides al azar (como le pasó a servidora). Señoras y señores, he aquí la criatura:

Capas de pan de molde, jamón york, queso, huevo, chorizo, ternera, salsa, patatas fritas… Y con la filosofía de no dejar ver nunca el borde y/o fondo del plato. Los portugueses son personas muy generosas: comes abundantemente y a precios más que asequibles.

Fachadas de azulejos azules y blancos, barquitos por el Duero, sobrevolar las mejores bodegas de Vila Nova de Gaia en teleférico, ver la gran plaza del ayuntamiento, la estación de tren… Maravillas que intenté captar lo mejor que pude con la cámara para ofrecéroslas con todo mi cariño.

Una de las cosas que más le gustó a mi Fred fue el puente de Dom Luiz I, que, como podréis observar, no pasa desapercibido.

En definitiva, disfruté muchísimo de esta cuidad: sus habitantes eran personas tranquilas y amables, tuvimos la gran suerte de tener días soleados que hicieron que la estancia fuera idílica y, encima, por cuatro duros vives una experiencia inolvidable.

Cabe destacar y no me cansaré de recomendar el hotel. Apuntad: Hotel Mercure Porto Centro. Sen-sa-cio-nal. Impecable, cómodo, confortable, económico… En una palabra, inmejorable. En serio, si os tenéis que alojar en Oporto, hacedme caso. Una auténtica delicia. ::

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