Portonovo.

Estándar

:: Esta semana en Galicia me ha venido de maravilla. No empezamos la aventura con buen pie, ya que hizo un tiempo infernal, pero, a partir del viernes, lució el sol en abundancia.

Nuestro apartamento estaba en Punta Montalvo y en verdad os digo que es una auténtica pasada. Bajar una cuesta y pisar una playa paradisíaca es algo indescriptible. Aguas cristalinas, arena blanca, solecito y la mejor de las compañías. ¿Lo peor? Mi psicomotricidad jugando a las palas, pero la que avisa no es traidora.

Visitamos Sanxenxo y Portonovo y he de decir que me quedo con el segundo sin dudarlo. Sanxenxo es muy bonito, pero, como bien decía mi amiga Sandra, se aprovechan que es el lugar de moda para sangrar al personal. Vas a una terraza, pagas una fortuna y ni siquiera tienen el detalle de ponerte un pincho, cuando me consta que el resto del año es más barato y nunca faltan las patatitas con la Coca-cola o el bizcocho con el café. Almu pagó las consecuencias de pedirse un Chispazo en el lugar equivocado.

Portonovo, sin embargo, es más económico y la calidad es brutal. No podría vivir allí, porque me pondría en 100 kilos en un mes, madre mía… ¡Qué pulpo! ¡Qué mariscadas! ¡Larga vida a los pimientos del padrón! Que bueno estaba todo, Dios mío…

Y Sarita os recomienda que visitéis el mesón A curva. No puedes irte de Portonovo sin comer/cenar allí. Todo estaba delicioso, tirado de precio y con un camarero que deberían darle el título de Mister Simpatía (sobre todo teniendo en cuenta la cantidad de camareros/as bordes que nos tocaron a lo largo del viaje). Anotad la dirección: Rafael Pico 56 (si no me equivoco). La mariscada en el restaurante Compostela estuvo muy bien y el primer día que cenamos en Portonovo lo hicimos en un sitio asombroso, pero no recuerdo el nombre (indagaré y os lo haré saber).

En cuanto a los bares, no puedo decir gran cosa, ya que no callejeamos de noche todo lo que nos hubiera gustado. Estuvimos en El agente naranja y O trasno. El primero estaba decorado en plan setentero, muy logrado. El segundo, era el típico antro irlandés que tanto mola.

Quedé con ganas de entrar en el Black lemur, porque me hizo gracia el nombre, más que nada. En definitiva, Portonovo forever. Más adelante, os contaré mis aventuras en la Isla de Ons, que es digna de ver.  Y nuestros intentos frustrados de ver Vigo. Y la tarde en Pontevedra. Risas sin límite. Galicia calidade. Qué dura se me va a hacer la vuelta al curro. ::

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