Mi cumpleaños: Crónica de una boda gitana.

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:: Si es que nuestros amigos calés saben lo que hacen y me he unido a su filosofía: celebraciones de tres días de duración.

Día 1: Todo empezó el pasado jueves, cuando mis niños y mis compañeras me hicieron una fiesta sorpresa en la asociación (no se si lo he dicho con anterioridad, pero trabajo con críos con síndrome de Down) ¿Qué me regalaron los pequeños? Pues lo siguiente:

  1. Una pistola de agua.
  2. Un esmalte de uñas color rosa chicle.
  3. Una pandereta.
  4. Una peonza.
  5. Una varita con forma de libélula con luces de colores.
  6. Una comba.
  7. Dos dvds de cuentos infantiles.

Chulos, ¿verdad? ¡¡Me encantaron!! Luego, las cutres de mis compañeras, me regalaron un bolso y un colgante de un reloj antiguo de bolsillo. Ya veis, no tuvieron el glamour y el ingenio de los enanos… 😀 Un beso enorme a Pilar, María, Rafa, Pablo, Beltrán, Carlota y David. Un abrazo gigantesco para Raquel, Rebeca y Teresa.

Música, pinchoteo y muchas risas. Lo celebramos el víspera para que pudiera asistir Raquel, ya que al día siguiente se iba a Galicia y no se quería perder el evento del año.

Día 2: Viernes y día oficial de mi cumpleaños. Empecé el día con felicitaciones por tierra, mar y aire, así como una tarta sorpresa hecha por mis compañeros del CAI. Desde aquí, mi más sincero agradecimiento a Marisa, Luzma y Jorge (y a los chavales, por supuesto)

Continué celebrando mi vigésimo sexto día del nombre con mis incondicionales, tomándonos una cervecita en Baviera y preparándonos para la fiesta que iba a tener lugar al día siguiente. Mil gracias a los tres, amigüitos. No me cansaré de decir que sois (somos) los mejores.

Y, como broche de oro, rosas, ikebana y cena en La casa pompeyana por cortesía de mi Álvaro. Te quiero amor y recuerda: lo que el zabaglione ha unido que no lo separe el hombre (ni la bacinilla) 😉

Día 3: Despertarme bien acompañada era la primera de las maravillas del día. Conseguí reunir a doce amigos excepcionales y sentarles en una mesa para cenar. No hay mejor regalo en el mundo que ese, de verdad. Soy muy sentimental y madraza, sobre todo cuando tengo que reñir a Almu para que coma, pero saqué mi lado cabroncete e hice de mi cumpleaños una fiesta temática: la mutant party, señores. Basada en los personajes de X-Men con alguna que otra variación, comenzamos un juego de cartas con muchas pruebas, besos y desafios que todos superaron con una elegancia infinita. Después se volvieron locos y sacaron regalos hasta de las suelas de los zapatos, cosa totalmente innecesaria, ya que su sola presencia es lo mejor que me podía pasar.

¿Quieres saber qué me regalaron? Lo sabrás después de la publicidad. Venga, aprovecha para ir al baño, cambiar de blog, mirar a ver si las patatas que tienes al fuego ya se han cocido… ¿Todo en orden? ¿Sí? Ponte cómodo:

  1. Una maletita de los Muppets, traída de New York.
  2. Un llavero de la rana Gustavo, de idéntica procedencia.
  3. Un brazalete.
  4. Un colgante de elefante.
  5. Un colgante de una niña con charms de tetera, cucharilla y muffin de Les xuntines.
  6. Una hucha dorada de cerdito.
  7. Libro “Cómo convertirse en un hijo de puta” (Manu dice que lo necesito porque soy muy buena… que engañadín le tengo al pobre) 😀
  8. Un pijama de Winnie the Pooh.
  9. Una camiseta de tirantes de Nice things.
  10. Un osito (Bobo, ya eres mío y Monty no conseguirá separarnos)
  11. Un collar y cuatro anillos de caramelo.
  12. Dos pintalabios, uno de Coca Cola y otro de Fanta naranja.
  13. Cómic “El dulce hogar de Chi” volumen 2 (itadakimaaaaaaaaasu).
  14. Un monedero.

Creo que no se me olvida nada, pero ¿a que están locos? Ni que hubiera sido buena… 🙂 ¡Sí! Se me olvidaba un detalle crucial: la postal que me hicieron de servidora y Chi, el gato más kawaii del mundo.

Fue una noche perfecta. Me lesionaron a mi totoro (ya haré una entrada en la que blasfemaré con violencia sobre el tema) y se retiró antes, pero el hecho de que viniera, incluso en ese estado, es algo que no olvidaré. No te haces una idea lo que significó ese gesto para mí. Trillón y medio de gracias, cielo, pero lo primero es la salud; no lo olvides.

Puedo decir muy alto que ha sido el mejor cumpleaños de mi vida. No hicimos muchas fotos, pero tengo cada instante grabado a fuego en mi cabeza y mi corazón.

Muchísimas gracias por hacerme tan sumamente feliz. Os quiero, pueblo. ::

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