Decadencia en alza.

Estándar

:: Estos días, en cuanto enciendes el televisor (y eso que prácticamente no lo hago), un nombre se repite compulsivamente: Amy Winehouse. Y, tras ella, el titular más cínico del mundo: “La autopsia no ha sido concluyente para determinar las causas de la muerte”. Que levante la mano el que no lo sepa, que se lo explico yo en una sola palabra: excesos.

Con todo. Alcohol, drogas y confianza. Y digo confianza por no decir “soberbia”, ya que esta mujer debió pensarse que iba a estar así eternamente, que era intocable o indestructible. Hay gente que afirma que fue una víctima de la fama, de un estilo de vida que le venía grande y quiso llenarlo de una manera fatal. De víctima nada; fue su propio juez y verdugo, sentenciada por la ausencia de sentido común y dignidad.

Tenía una voz única, privilegiada. Podía haberse realizado personal y profesionalmente como nadie. ¡Tenía un año más que yo, maldita sea! Y ha acabado uniéndose al Club de los 27, la banda de los descerebrados talentosos y de sueños rotos.

De verdad, ¿hasta cuándo va a seguir esto? ¿Por qué hay tanta permisividad en torno al mundo de las drogas? Me quedo estupefacta al oír historias del calibre “lo último es tomarse un tripi por los ojos”, “¿sabes lo que pone el pene duro durante horas y horas? un poco de cocaína en la punta”, “es que me dejó mi novia y necesito crujirme un canuto para poder dormir” y una tonelada más de absurdos.

En una sociedad donde hay más información que nunca, que es sobradamente sabido por todos los efectos devastadores de las drogas y, aún así, el consumo se dispara. Me quedo a cuadros cuando la gente afirma que los porros no son una droga. ¡Que va! Los compras a escondidas por darle emoción al asunto. Yo de vez en cuando hago eso con las acelgas, me da un subidón… Personas con 26 años a las que les faltan dientes a cuenta del consumo diario de mierda, porque otro calificativo no tiene. Estás al lado de un ser al que aprecias y te das cuenta que está apurando el café para poder salir fuera y fumar y, si retrasas más de la cuenta ese momento, ves que su mano tiembla. Se me parte el alma.

Y no se hace nada, ya que en este país hay muchas “antipersonas” que viven de este negocio. Terroristas de la salud pública con dos motivaciones principales: dinero y mansedumbre. A todos les interesa que la juventud esté adormecida, tanto al camello de tres al cuarto del barrio como a los señores de traje que se sientan cómodamente en sus escaños . Y aborrezco la imagen que ofrece nuestro país, que todos sabemos que muchos turistas van a Ibiza no precisamente para ver la flora autóctona.

Tengo un hermano y primos mas pequeños y se me ponen los pelos de punta cada vez que salen al caer la noche. La naturalidad social que hay alrededor del consumo en exceso del alcohol, el facilísimo acceso a las drogas y las reacciones desorbitadas que tienen las personas (casi me atrevería decir los chicos) violentas, bien porque están bajo los efectos de las bebidas espirituosas o los cócteles psicotrópicos, o bien son así de serie, porque tienen el cerebro como un artículo de coleccionista y, como bien sabéis, si se abre ya no sirve. Meninges envasadas al vacío en tiempos de decadencia.

Estoy por ponerme una corona de laurel y aprender a tocar la lira, ya que cada vez me siento mas identificada con la caída del Imperio Romano; una sociedad aburrida que necesita columpiarse en los excesos para sentirse viva, aunque ello implique su autodestrucción.

Alea jacta est. ::

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