Póngame una, por favor.

Estándar

:: Llevo dos horas en el trabajo y una idea me ronda compulsivamente la cabeza: algo calentito en una taza bonita. No me gusta coleccionar cosas, ya que al final acabo no mirando para ellas, ocupan mucho espacio y, como me pasó con mi recopilación de postales, acaban siendo testigos imperecederos de tiempos (¿mejores?) y soy muy dada a la nostalgia.

Pero las tazas son otra cosa. Son funcionales y preciosas. Me controlo mucho, pero, si por mí fuera, tendría diez alacenas en casa repletas de preciosidades como éstas. Como hecho de menos tomarme un té a las 12 de la mañana… Espero que hoy sea mi último día de abstinencia. ::

 

P.D: ¿Y si acompaño el té

con “pan de oso”?

¿Quieres un poco?

Toma; hay para los dos.

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